ARTURO MARTÍNEZ
Fue un par de días antes de celebrar el día del maestro, corría el año de 2010 y
tomando en cuenta que curse y egrese de la primaria que lleva su nombre en la
colonia Campesina número dos, tome la decisión de buscar al Profesor Abel
Ramírez Ramírez y entrevistarlo para publicar el encuentro un sábado 15 de mayo
en un diario local. Creo que esa fue la última entrevista que le hicieran antes de
fallecer algunos años después.
Recuerdo que amablemente me hizo pasar a su hogar, que en aquel entonces se
ubicaba en la Obrera número uno, entre las calles Aarón Sáenz Garza y Abel
Ramírez. Creo que todos identificaban su casa, en primer lugar porque la calle
lleva su nombre y en segundo, por un bocho amarillo estacionado en su pórtico,
mismo que utilizaba para visitar de manera frecuente a los alumnos de la primaria
ubicada en la Campesina, a quienes les regalaba lápices y cuadernos.
Durante la entrevista, siempre estuvo presente su esposa, la Profesora Obdulia
Izaguirre, con quien el Profesor Abel Ramírez, originario de Linares Nuevo León,
contrae nupcias por el año de 1937 y posteriormente procrea un hijo, además de
tener la dicha de conocer a sus nietos y bisnietos.
Cuando lo conocí, al Profesor Abel Ramírez, quien nació un 12 de septiembre de
1916, lo avalaban más de seis décadas en la docencia, y recuerdo perfectamente
que destaco el trabajo de los profesores de antaño, a los cuales definía como
“maestros que se entregaban”.
Luego de contarme que estuvo a punto de estudiar odontología y posteriormente
decidir integrarse a la filas de la Escuela Normal y Preparatoria en Ciudad Victoria,
recordó con satisfacción su amplia trayectoria, donde tuvo la oportunidad de
trabajar en la Juan B. Tijerina, posteriormente como director en la Dr. Héctor Pérez
Martínez, inspector escolar en El Mante y González y por ultimo como Jefe del
Sector 14, donde concluyó su carrera magisterial.
En la charla sostenida en la sala de su hogar y que se prolongó durante varias
horas, al Profesor Abel Ramírez consideró que “lo más pernicioso de la educación
es el lucro con las plazas, ya que vende las plazas pero no la enseñanza”.
“Hay errores en la educación que la perjudican, hay maestros mercenarios,
aquellos que quieren ganar dinero fácilmente, sin embargo, echar a perder a
generaciones de niños y jóvenes”, comentó.
Recuerdo que al ganarme su confianza el profesor hace algunas bromas, pero
enseguida expresa una frase dirigida a los maestros: “Para forjar almas, hay que
poner el alma en la tarea”.
Las satisfacciones del Profesor Abel Ramírez, quien sin duda dejó un legado en El
Mante y por su puesto en el magisterio, es haber dejado “a los alumnos hechos
hombres y mujeres útiles de la sociedad”.
Agrega también un consejo para los profesores: “Los jueces más estrictos de los
maestros serán los alumnos, según la huella que hayan dejado en su alma y en su
entendimiento”.
Aunque han pasado ya ocho años de la entrevista que me concedió el Profesor
Abel Ramírez en mis inicios como reportero, aún conservo sus frases y las
comparto a quienes trabajan como maestros y para las futuras generaciones que
buscan integrarse a la importante labor de enseñar.
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